¿Qué hay detrás de una rabieta?

MAritn y Miranda jugando en la cama

Estamos de cuarentena, dicho esto te podrás imaginar que mis días se resumen a ver en bucle las pelis de Disney, Pixar, Peppa Pig, Pocoyo, una variada colección de películas navideñas en Netflix  y juegos muy tranquilos cuando hay ánimos. Una que no puede faltar en el repertorio de Miranda es Inside out / Intensa-Mente/ Del reves ¿La han visto? Es un imperdible en películas infantiles, muchos colores y un gran mensaje.

La importancia de las emociones, de conocerlas y darle su espacio para sentirlas y vivirlas, que de allí parte nuestra personalidad, quienes somos. En fin, hoy mientras la veía por tercera vez en esta semana, pensaba, si es difícil controlar nuestras emociones, más difícil se le hará a los niños controlar lo que sienten, vamos que no he descubierto América, esto es algo que siempre he pensado.

Pero ahora que lo vivo, me doy cuenta que no sólo se les hace difícil controlarlas, es que a veces no saben que están sintiendo, o en muchos casos, saben que sienten [miedo, tristeza, rabia, molestia] pero no saben que lo causa, ni mucho menos cómo manejarla.

Y es allí cuando puede comenzar esos ciclos sin fin de molestia por ‘tonterias’,  que terminan en pequeñas guerras caseras.

Ay, solo si nos paráramos a indagar que pasa y no asumir y querer mandar solo porque somos los ‘adultos’ la vida sería más llevadera; y ahora que lo escribo creo que esto vale para múltiples situaciones de nuestro día a día.

En fin, cuantas situaciones no evitaríamos si nos diéramos el permiso de preguntar qué pasa. El otro día leía a Miriam Tirado, y decía que a veces el problema no es la rabieta en sí, sino lo que esto causa en nosotros.

Sin ir muy lejos, el viernes, estábamos preparando todo para hacer las hallacas [Consiste en una masa de harina de maíz sazonada con caldo, rellena con guiso de carne de res, cerdo y gallina o pollo  envueltas de forma rectangular en hojas de plátano, para finalmente ser atada con pabilo y hervida en agua.] en casa; el gordito y yo estábamos recogiendo juguetes, haciendo el almuerzo, guardando la ropa limpia para que no estorbara y así, un sin fin de cositas necesarias para recibir a la familia y comenzar el alboroto.

Pero Miranda iba detrás de nosotros, que quería aúpa, que quería sentarse conmigo o con #elgordito yo pensaba que estaba en uno de sus momentos de quiero atención y que podía esperar un poco, el gordito ya estaba en paciencia mínima, molesto y dispuesto a que ella llorara porque ‘no se le puede dar todo, todo el tiempo’

cuando empiezan a lloriquear y a quejarse, necesitan algo, así sea expresarse

Al final del día terminó con fiebre y empezó la varicela, y pienso claro que estaba así que quería que la cargaran y le dieran mimos, se estaría empezando a sentir mal.

Ya podríamos pensar que conocemos a nuestros hijos, o que no se les puede dar todo, pero a veces creo, que tenemos que tener un poco de sentido común, son niños, los niños necesitan, así en mayúscula y subrayado, atención, mimos y tiempo de calidad, que quizás no es algo que podamos darle 24/7 pero si pienso que cuando lo piden es porque lo necesitan.

De igual manera cuando empiezan a lloriquear y a quejarse, necesitan algo, así sea expresarse, estoy casi segura que a veces ellos no pueden identificar exactamente qué hay detrás de esa queja. Cuando tiene esos momentos así, cambio el deja de llorar  y le digo

así no te entiendo dime con palabras que necesitas para ayudarte

 

Y así ella entiende que necesita expresarse de otra manera para que la entienda, y yo puedo empezar desde allí con mayores recursos para atacar la situación. 

Porque allí es donde vienes tú, su madre, su padre, nuestro rol es enseñar, amar, cuidar, criar y cuesta un mundo, pero allí es cuando toca, respirar, dejar el cansancio, que sí se que cansa, y comenzar a interpretar que le puede estar sucediendo, y en todo caso queda acompañar.

Martín llorando mamá viendolo

En ocasiones cuando en mi cansancio le digo ya estoy aquí no tienes que llorar, Miranda me dice, es que quiero llorar y una vez más caigo, que yo le esté dando lo que necesita, no significa que calme su dolor y frustración en un segundo, a veces tarda y hay que respetar sus ritmos. Cómo estoy segura que queremos que respeten el nuestro cuando el cansancio nos invade y necesitamos alejarnos de todo para volver a acercarnos al mundo.

Al final, nos toca entender que si la rabieta nos da rabia, hay que calmarnos para luego acompañar a nuestros hijos en eso que le pasa.

Si necesitas leer un poco más acerca de las pataletas, aquí lo puedes ver. Y cómo siempre no dudes en dejarme tu comentario con más ideas acerca de este tema de manejar emociones, las de ellos y las nuestras. 

Gracias por estar, nos leemos pronto

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