La historia de una perdida: un aborto espontáneo

Esto es algo de lo que muy poco hablo, o quizás nunca.

Pero de vez en cuando viene a mi mente, a mis recuerdos, lo vivo, lo siento y lo dejo pasar. Porque así son las perdidas. Pedazos de nuestras vidas, que no están, pero que no dejan de existir en nuestros recuerdos. Y nos toca en numerosas ocasiones vivir esa nostalgia y dejar que pase. 

Esta semana se cumplen cinco años de mi primer embarazo, que perdí a las 10 semanas, y por eso hoy me atrevo a escribir de esto. Porque viene a mi mente, porque a veces lo vivo y lo recuerdo y me doy cuenta que en momentos hay que hablarlo, seguro que alguien más se puede sentir así en algún momento y se puede identificar.

Cuando quedas embarazada aprendes rápidamente muchas cosas que son típicas del embarazo y que todo el mundo conoce, nauseas, mareos, el sueño que no te deja ni pensar. Pero la verdad es que también hay cosas que no se dicen, que nadie habla y que suceden muy frecuentemente.

Historia de una pérdida aborto espontáneo

 

 

Perder a un bebé durante los primeros tres meses de embarazo es frecuente, sucede, y nadie lo habla. Hoy hace 5 años me pasó a mi.

Nuestro primer embarazo, teníamos una gran ilusión, era un sueño que se cumplía. Tardé varias semanas en ver el signo positivo en el test de embarazo, y lo confirmamos a través de un examen de sangre de urgencia, mientras estaba hospitalizada por una bacteria.

Hasta ese momento no era la historia más bonita, pero sí que bastante diferente, y lo mejor estábamos super felices. Pero esa emoción y alegría nos duró muy poco. Un viernes por la mañana me desperté temprano para ir a trabajar y estaba sangrando. Fuimos de emergencia a mi médico y sus palabras fueron, esto pasa frecuentemente, descansa y nos vemos el lunes, quizás pare o quizás no, solo hay que esperar.

Y como si me hubiesen echado un balde de agua helada, retumbaban en mi cabeza las palabras, como una sentencia de algo que apenas comenzaba y ya iba a acabar.

Puedo recordar de ese día muchas cosas, de ese día y de todo el fin de semana, que se hizo largo, muy largo, todo lo que lloré, todo lo que me dolía físicamente, y todo lo que dolía en mi alma. Puedo recordar las personas que estuvieron allí para acompañarme, sin decir nada, solo estar. Porque no hay palabras que alivien el dolor, pero si abrazos y compañía que te hacen sentir que no estás sola.

El lunes siguiente, ya había dejado de sangrar, pero en la cita con el médico me confirmaron lo que sabía y no quería pensar.

Ya no estaba embarazada.

Había tenido un aborto espontáneo

Así que hice lo que sentía necesario, me fui a mi casa a dormir y a llorar todo lo que necesitaba.

Cuando volví al trabajo, y durante toda esa semana, algunas personas se me acercaron, y me contaron su historia, como en algún momento también habían tenido una pérdida. Y me di cuenta como es algo que pasa más a menudo de lo que se puede creer.

El 20 porciento de los abortos son espontáneos. Se estima que pudiese llegar a ser hasta un 50 porciento, debido a que algunos embarazos pudiesen ser abortados antes de que la mujer supiera que está embarazada.

historia de una pérdida aborto espontáneo

Mi médico en ese momento me dijo, imagina que el cuerpo es muy sabio, y a veces se producen estos abortos porque a nivel de cromosoma no vienen aptos para sobrevivir. Se estima que el 70 porciento de los abortos espontáneos es por esta razón.

Muy pocas personas sabían lo que pasamos, lo que viví, porque no quería hablar de esto. ¿para qué recordar el dolor? Pero parte de lo que me ayudó a mantenerme más tranquila en ese momento, a saber que no era mi culpa, que no había hecho nada malo, era precisamente eso, escuchar que a otras personas también les había pasado, porque no hay nada más sanador y terapéutico que sentirse, entendida, comprendida y saber que otras personas pasan han pasado por lo mismo. Ese sentido de universalidad.

Pasaron dos meses hasta que mi cuerpo volvió a su ciclo. Y más de seis meses hasta que quedé embarazada otra vez. Pero el miedo permanece en cada momento.

Felizmente Miranda nació bien y saludable un año y unos meses después. Pero se que hay muchas más historias en donde tardan más tiempo en vivir ese sueño, o momentos en los que se siente que el tiempo nunca llegará. Y la pérdida se vive continuamente.

Hace dos semanas, viví otro tipo de pérdida, la pérdida de un amigo, muy amado. Y quise reencontrarme con pedazos de un libro maravilloso, que algún momento de mi vida me ayudó a ver de manera diferente otras pérdidas que vivía. Porque de eso se trata la vida de perder cosas, y ganar otras. Algunas pérdidas te abren nuevos camino, y otras se acaban, pero de ellas aprendemos, renacemos y nos renovamos.

A lo largo de nuestras vidas las pérdidas constituyen un fenómeno mucho más amplio y para bien o para mal, universal. Perdemos, no sólo a través de la muerte sino también siendo abandonados, cambiando, siguiendo adelante. Nuestras pérdidas incluyen también las renuncias conscientes e inconscientes de nuestros sueños románticos, la cancelación de nuestras esperanzas irrealizables, nuestras ilusiones de libertad, de poder y de seguridad, así como la pérdida de nuestra juventud, aquella irreverente individualidad que se creía para siempre ajena a las arrugas, invulnerable e inmortal. […] Estas pérdidas forman parte de nuestra vida, son constantes universales e insoslayables. Y son pérdidas necesarias porque crecemos a través de ellas. De hecho, somos quienes somos gracias a todo lo perdido y a cómo nos hemos conducido frente a estas pérdidas. El camino de las lagrimas. Jorge Bucay 

Ante una pérdida, cualquiera que sea, recuerda lo importante. Aceptar la emoción, eso que sientes, no lo dejes a un lado, por algo está allí. Y busca apoyo. Que se hace necesario e indispensable. No estás sol@.

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Te amo! Eres una mamá genial. Miranda y Martin escogieron a la mejor.

Tu mensaje me hizo sentir que me abrazabas ❤️

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